Claroscuro #2. (2011)

Antígona es de esos personajes por cuyo nombre se han escrito ríos de tinta pero, a pesar del paso del tiempo, su tragedia se muestra inagotable y actual. Bajo la pregunta: ¿Es Antígona intratable o innombrable? El texto explora, de la mano de las lecturas de Judith Butler y Jacques Lacan, el lugar que ocupan conceptos como el otro, el Otro, la Ley, el binomio público/privado, el cuidado de sí, en relación a ese momento crítico del testimonio de sí que enuncia Antígona frente a Creonte, al público y frente a sí misma. Partiendo de que en griego existen tres negaciones distintas, al momento del testimonio Antígona termina en una posición confesional. De allí, profundizando en el diálogo que existe en psicoanálisis respecto al Duelo, la Muerte y el Acto, Barrantes opta por una perspectiva despatologizante e intenta empalabrar aquello de la muerte del hermano de Antígona que se (in)manifiesta como innombrable, es decir, hacer de la tumba silenciosa de Antígona una forma de decir aquello que no puede ser dicho. Quizá dentro de lo que permite el lenguaje, enunciar aquel imposible tan absoluto que presenta la Muerte, así como el intrincado juego de esa muerte de uno mismo que aparece al momento del duelo y el juicio.

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