Claroscuro #4. (2016)

La pregunta por el cuerpo, del analista, del analizante, del Moises de Miguel Ángel, del Otro, orbita -desde su origen en Freud- alrededor de la historia del Psicoanálisis. De la mano de Mayette Viltard y Suzanne Hommels se explora la pregunta por, ¿Cómo ese Lacan analista toca el cuerpo? Estos dos testimonios o bien, dos intentos de decir algo de ese “algo” que aconteció en sus pasajes por el diván, permiten dinamitar el Gran Relato del Lacan analista en favor de esa micro dimensión de la historia en donde un gesto, una interpretación, abrió la posibilidad de colocar en el cuerpo una inscripción, una abertura de un espacio que posteriormente puede ser leído con la palabra. La piel aquí, lejana de su concepción epidérmica, deviene un objeto topológico de inscripción. Esa huella o cicatriz denota un arder de un acontecimiento que dejó marca por esa erótica de la clínica psicoanalítica (definida por Lacan como: conflagración de la vergüenza), donde tanto el amor, como el sexo y la muerte tienen lugar.

Leer artículo en PDF